David
Todo ha pasado, fue hace un instante, ya no hay honda, ya no hay piedra, sino solo esa mano dilatada y regada por las venas, una mano insólita en su desproporción, y ajena, en su tensión interna, a los miembros del cuerpo del muchacho. La mano del David tiene más que ver con el esfuerzo realizado, tiene más que ver con el tamaño del cuerpo e Goliat al que acaba de vencer. La escultura, como la pintura, representando una presencia, puede representar lo que va a surgir o lo que ha desaparecido. Le pertenece lo que acaba de ocurrir en el instante anterior o lo que se va a desencadenar de forma inmediata. Es decir, puede entrar por la puerta grande en el tiempo o en el espacio. Es un atajo. La cara de ese David, capturada en ese instante de justo después, aún no es la cara de un vencedor, sino la de un muchacho hermoso y valiente que aún no sabe nada de su fuerza.
Luis Martínez Santa-María
Luis Martínez Santa-María

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