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Mostrando entradas de agosto, 2018

Sobre un lugar silencioso

Al estar solo y en silencio en una habitación, adquieres una extraña capacidad de adivinación, una especie de sensibilidad introspectiva y sientes en torno a ti la geometría que te rodea. Ante la secuencia finita del cuarto despliegas entonces toda tu atención perceptiva hacia la configuración de su espacio, hacia sus formas y medidas. El silencio te vuelve un espía. Un día alguien reclamará la importancia del silencio. Se exigirá una actitud callada para poder visitar los edificios, para poder ahondar en la verdadera magnitud de unas ruinas, para percibir la muda tensión de unas piedras ordenadas, para sentir el humor -como diría Alberti- de cada una de esas piedras vivas. Sí, estoy seguro, un día alguien reclamará una tasa de silencio, ordenará que se paren los coches, las motos y los autobuses, que se callen los turistas, que reine en la ciudad un silencio imposible para poder detenerse ante el paso lleno de fervor de los arcos de un acueducto. Las autoridades tendrán que advertir...

Sobre qué escucha

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Sentir que el lugar nos escucha. Ya sea un paisaje con sus árboles y sus casas, los raíles paralelos de una vía de tren, una plaza, el interior de una capilla, las sombras del fondo de un estanque. Hasta una piedra nos escucha. Luis Martínez Santa-María

Sobre la resonancia

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Las piedras, para poder de verdad pertenecer al río, se han hecho redondas. También la arena del fondo del mar responde con el absoluto de su microscopía a la imagen infinita de las olas. El pico del mirlo intensifica su color amarillo limón a la llegada de la primavera. Todo es sed de correspondencia y de analogía. La patología médica está llena de ejemplos... ...Todo está lleno de transferencia. Mi cuerpo es monocromo, pero mis ojos llenos de color, reflejan la irrigación que reciben. Y así, como decía William Shakespeare, tus ojos están en mis ojos. Luis Martínez Santa-María

Sobre lo que significan las ventanas

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Una de las mayores pruebas de la presencia del amor reside en la mirada. En el metro, en las cabinas de los ascensores o en las salas de espera, sofocados por una distancia inapropiada, disimulamos nuestra curiosidad, prescindimos de nuestra atracción y admiración hacia los otros y escondemos la potencia del amor de nuestra mirada. Pero las innumerables ventanas de los edificios, todas esas ventanas que constituyen una ciudad y cuyo inventario sería inabordable de hacer, delatan lo que restringimos y rebaten el pudor de las cabezas cabizbajas. Por la noche, con todas las ventanas encendidas, la ciudad arde de amor. Es una fogata. es algo que comprendes cuando visitas por primera vez una ciudad a la que no perteneces. Comprendes el porqué de esas ventanas. Son, si lo puedo decir así, no para la luz, sino para la elegía de la luz. Son, me atreveré a escribirlo, para el amor. Aunque todos se odien. ¡Toda esas ventanas son para amaros! Sí que lo son. Luis Martínez Santa-María Superpo...

Más allá del río Sambation

Sólo era posible hallarlo en invierno, en época de lluvias, y nunca en sábado, porque no corría durante este día. Más allá del Sambatión se hallaban, según decían los cabalistas, las respuestas a muchos misterios: "Si el río Sambatión existe de verdad o es un engaño de los judíos". Está en el desierto pero no es un espejismo ni un oasis. Para llegar a él hay que ser hombre probo, libre de pecados. Donde nada había, vió como un hilo de agua se hacía más caudaloso a medida que él cruzaba, y al llegar al otro lado ya era un río colosal como los que rodeaban los jardines colgantes de Babilonia, Al fín, después de tan larga travesía, cuando posó sus pies en la otra orilla, el Rabí perdió el conocimiento y despertó entendiendo un nuevo lenguaje; pero era un lenguaje silencioso que no se parecía a ningún otro. Estaba así en el desierto de Judea, pero crecían las flores silvestres y se "oía la voz de la tórtola". Jerusalén brillaba a lo lejos como una caja de gemas...

David

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Todo ha pasado, fue hace un instante, ya no hay honda, ya no hay piedra, sino solo esa mano dilatada y regada por las venas, una mano insólita en su desproporción, y ajena, en su tensión interna, a los miembros del cuerpo del muchacho. La mano del David tiene más que ver con el esfuerzo realizado, tiene más que ver con el tamaño del cuerpo e Goliat al que acaba de vencer. La escultura, como la pintura, representando una presencia, puede representar lo que va a surgir o lo que ha desaparecido. Le pertenece lo que acaba de ocurrir en el instante anterior o lo que se va a desencadenar de forma inmediata. Es decir, puede entrar por la puerta grande en el tiempo o en el espacio. Es un atajo. La cara de ese David , capturada en ese instante de justo después, aún no es la cara de un vencedor, sino la de un muchacho hermoso y valiente que aún no sabe nada de su fuerza. Luis Martínez Santa-María