Sobre un lugar silencioso
Al estar solo y en silencio en una habitación, adquieres una extraña capacidad de adivinación, una especie de sensibilidad introspectiva y sientes en torno a ti la geometría que te rodea. Ante la secuencia finita del cuarto despliegas entonces toda tu atención perceptiva hacia la configuración de su espacio, hacia sus formas y medidas. El silencio te vuelve un espía. Un día alguien reclamará la importancia del silencio. Se exigirá una actitud callada para poder visitar los edificios, para poder ahondar en la verdadera magnitud de unas ruinas, para percibir la muda tensión de unas piedras ordenadas, para sentir el humor -como diría Alberti- de cada una de esas piedras vivas. Sí, estoy seguro, un día alguien reclamará una tasa de silencio, ordenará que se paren los coches, las motos y los autobuses, que se callen los turistas, que reine en la ciudad un silencio imposible para poder detenerse ante el paso lleno de fervor de los arcos de un acueducto. Las autoridades tendrán que advertir...